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20150219

Tiempo de reflexión: Por Álvaro Durán




 

 

Cuarenta días y cuarenta noches ayunó y después tuvo mucha hambre.
 
En ese tiempo, el diablo se le acercó y le dijo: —Si eres el Hijo de Dios, di a estas piedras
 
que se conviertan en pan.


Jesús le dijo: —¡No! Las Escrituras dicen: “La gente no vive solo de pan, sino de cada

palabra que sale de la boca de Dios”
Después el diablo lo llevó a la santa ciudad, Jerusalén, al punto más alto del templo, y dijo:
—Si eres el Hijo de Dios, ¡tírate! Pues las Escrituras dicen: “Él ordenará a sus ángeles que
te protejan.
Y te sostendrán con sus manos para que ni siquiera te lastimes el pie con una piedra”
Jesús le respondió: —Las Escrituras también dicen: “No pondrás a prueba al Señor tu Dios”
Luego el diablo lo llevó a la cima de una montaña muy alta y le mostró todos los reinos del
mundo y la gloria que hay en ellos. —Te daré todo esto —dijo— si te arrodillas y me adoras.
—Vete de aquí, Satanás —le dijo Jesús—, porque las Escrituras dicen: “Adora al Señor tu
Dios y sírvele únicamente a él”. Entonces el diablo se fue, y llegaron ángeles a cuidar a
Jesús.'

Mateo 4:1-11 NTV






El evangelio que recién escuchamos nos cuenta la experiencia de Jesús durante los cuarenta, días previos a su vida publica, tiempo en el que Jesús se preparo, física, mental y
espiritualmente. Nosotros y nosotras en cuaresma debemos reflexionar sobre lo que sucedió en ese periodo de tiempo y el por que de la cuaresma:
Jesús como bien dice el evangelio, fue guiado durante todo ese tiempo lleno del Espíritu Santo, y el diablo lo puso a prueba, aquí quiero hacer una reflexión sobre lo que resulta curioso, Jesús lleno del Espíritu pueda ser tentado. Debemos entender que que en este caso el “diablo” no es más que el “ego” del Maestro, Jesús antes de empezar su vida-misión debía eliminar, purificar
su mente humana, su cuerpo humano y centrarlos con el Espíritu. Jesús era humano y por ende debía luchar con el ego, ese yo interno que cada una y cada uno de nosotros tenemos y con el cual luchamos, y al cual debemos aislar y someter para vencer las pasiones. Pero por que Jesús decidió estar cuarenta días solo en el desierto y porque nosotros recordamos este momento del Maestro en la cuaresma?
La cuaresma comienza a partir del miércoles de ceniza. En el fin de los carnavales en muchos lugares, siendo el carnaval una fiesta pagana, que es la fiesta de la carne, dedicadas a Baco y resulta interesante observar que la fecha que corresponde a este se calcula en base a una fuerte relación con el tiempo de la semana mayor, que corresponde a la primera luna llena después del equinoccio de primavera. ¿Cuál es el significado y la importancia de esta luna? Si entendemos lo que sucede en el universo el día del equinoccio, vemos que en este momento, la duración del día y la noche son iguales en tiempo, osea que en ese día las horas de luz y de
oscuridad son iguales. Por ello, si observamos, la primer luna llena después del equinoccio de primavera, no es más que el primer momento en que la luna refleja hacia nosotros, las horas de luz solar son más que las de obscuridad.
Este preciso momento corresponde al domingo de Resurrección, y en este día se reciben los rayos del sol más poderosos que la noche, por durar más las horas de luz. Rayos que siguen aun llegándonos en la noche, porque la luna llena los refleja sobre la tierra, cumpliéndose así también un principio de fecundación entre lo masculino y lo femenino; pensemos que ese día, los rayos del sol rebotados sobre la superficie de la luna nos rebota una luz “fecundada” y entregada a la tierra a fin de que esta, haga su trabajo germinal.
Jesús no escogió esta época por casualidad, en lo absoluto. Dios es tan maravilloso que nos demuestra por medio de la naturaleza el triunfo de la luz y de la creación ante la oscuridad. ¿Y por qué tiene que durar tanto, que significan esos cuarenta días? Ya vimos que hay un gran significado que nos da la naturaleza y el ciclo de nuestro sistema solar. Pero por qué el ayuno y porque luchar contra nuestro ego? El tiempo de los 40 días, que van desde el miércoles de ceniza hasta el comienzo de la semana mayor y luego los 7 días de la semana siguiente que culminan con la celebración de la Resurrección y la primara luna llena después del equinoccio de primavera. Seguro ya intuyen que estos 47 días son para hacer un trabajo profundo sobre nosotros mismos, son días de conversión y de preparación, para una celebración que para nosotros y nosotras como comunicad Cristiana es la más importante del año, pues marca el triunfo de la luz sobre la oscuridad y por tanto el triunfo de la acción sobre la pasividad, el tiempo de la floración y fructificación, manifiesta incluso en la naturaleza, que a partir de ese momento se muestra en esplendor.
Brindándonos ya, lo que será posteriormente la cosecha del año cuando ya el sol y su luz haya dado su esfuerzo y esté dispuesto para el hombre. Donde Jesús vence a la muerte y su misión entre nosotros es consumada para la humanidad por amor. Y hoy vemos ese testimonio con toda la potencia que la naturaleza ha venido reteniendo durante el tiempo del gobierno de la oscuridad, que ahora se expresa y se hace manifiesta, por lo que es un tiempo de gran fuerza y por ello los 40 días previos a ese momento, son días de preparación, de conversión y de disposición a recibir esta fuerza que viene indetenible, avanzando. Ahora que hemos comprendido los acontecimientos, es importante comprender ¿Cómo prepararnos para un evento tan importante?.

Cuatro,es el número de la naturaleza, y es además el número que expresa el universo y su
manifestación, con el cuatro se forma el cuadrado y la cruz. En el cuadrado están
representados los cuatro elementos de la naturaleza y en la cruz está representada la unión de cielo, el eje vertical y tierra, el eje horizontal. Esotéricamente, cuarenta es un número
importante, si entendemos que el 10 es el número que representa la completitud y por ende el retorno a la unidad, por lo que 40 es cuatro veces 10 que podemos entender como la
completitud en los cuatro elementos y entre lo de arriba y lo de abajo, entre el cielo y la tierra; por ello no debe extrañarnos que para las escrituras sagradas, hayan sido 40 los días del diluvio, 40 los años de peregrinación del pueblo judío en el desierto, 40 los días de Moisés y de Elías en la montaña, y 40 los días que paso Jesús en el desierto antes de comenzar su vida pública y así como estos ejemplos, hay otros más representados en múltiplos de este número.

Así los cuarenta días, son en sí mismos, un ciclo perfectamente comprensible para un trabajo de conversión o de cambio y de preparación o limpieza, en espera del acontecimiento que sigue durante los 7 días previos a la Resurrección, previos a la lunación mayor. Prepararnos en cuaresma implica prepararnos por fuera y por dentro, lo cual nos dice que el cuerpo debe estar preparado interiormente para el acontecimiento exterior que se sucederá pronto. Venimos de fiestas y meses y donde el sistema y el comercio han llenado nuestro cuerpo de todo lo que implica el contacto con la materia o contacto con los cinco sentidos externos, los medios de comunicación han explotado el uso de los cinco sentidos de la humanidad y nos ha llevado a excesos que se reflejan en nuestro interior, por lo que se hace necesario apaciguar esa fuerte activación de los sentidos y en correspondencia con el principio de la dualidad, prepararnos para que, habiendo apaciguado los sentidos externos, se activen nuestros sentidos internos, para que estén dispuestos a percibir las sutilezas de los acontecimientos del futuro inmediato, de la Semana Santa y Alegría Pascual.

En el tiempo de cuaresma, es adecuada una dieta donde suprimamos, todos los condimentos que hacen a los alimentos deseables, más allá de su función fundamental que es mantener el cuerpo vivo. Así entonces las comidas condimentadas, con sabores fuertes que impregnan y activan el gusto y el olfato deberían ser suprimidas. Lo que nos deja una alimentación austera y dedicada exclusivamente al fortalecimiento del cuerpo sin apego a los sentidos. Hay que decir que en los días de la cuaresma, el cuerpo sufre un cambio metabólico importante que al mismo tiempo implica una suerte de sed y hambre por percibir, todo aquello que le ha sido suprimido. Música, colores, sexo también son estímulos que se suprimen en este tiempo, cubriendo así la gama de los cinco sentidos, dejándonos dispuestos y ansiosos de percibir y por tanto de entrar en contacto con los acontecimientos externos (lo exotérico) que sucederá prontamente a partir de la Resurrección.

Siete viernes hay en la cuaresma, como 7 son los días de la semana, 7 las notas musicales, 7
los colores y 7 los planetas antiguos, entre otras cosas así como 7 son los días entre el domingo
de ramos y el domingo de Resurrección, y entonces es lógico pensar en una actividad especial
para esos viernes, que se manifiesta en el ayuno, la supresión de todo alimento entre la salida
del sol y su ocultamiento, puede comprenderse como un duelo humano por la supresión de los sentidos y también como el descanso que tomo Dios durante la creación, por lo que
esotéricamente, es correcto pensar que ese ayuno de 24 horas se corresponde con un
descanso que da el hombre al organismo en su trabajo interior, que también es pertinente y
puede relacionarse con el sabath de los judíos y con muchos otros ayunos que siguen las
distintas religiones, no solo el Cristianismo.
Con una mejor y más amplia visión del tiempo de la cuaresma es para nosotros y nosotras
tiempo de limpieza preparatoria, de disposición para la percepción de un evento, donde
limpiamos nuestro cuerpo físico, nuestra mente y nuestra alma para alinearlos con nuestro
espíritu, y este evento aun cuando sucede año con año, reviste una importante trascendencia pues se puede decir que es el comienzo del ciclo natural.
La sola conciencia del hecho universal que acontece ya es un paso hacia adelante y si a eso se le une una preparación consiente ya estaremos haciendo buena parte del trabajo. Cuanto más armónicos seamos con el universo que nos rodea, con toda la creación y mas consientes de la idea de nuestra humanidad y de nuestra pequeñez ante la reunificación, estaremos siendo más dispuestos a que ello suceda y por tanto más abiertos a la percepción.

Así hermanas y hermanos animémonos caminar intensamente estos cuarenta días de
conversión, para producir el cambio:
para pasar de la muerte a la vida,
del egoísmo al amor,
del odio al perdón,
del rencor a la reconciliación,
de la cobardía al coraje,
del miedo a la valentía,
de la esclavitud a la libertad,
de la injusticia a la justicia,
del desaliento a la esperanza,
de la indiferencia al compromiso,
de la oscuridad a la luz,
de la mentira a la verdad,
de la estupidez a la sabiduría,
de lo menos humano a lo más humano,
de lo humano a lo divino...
Así Sea.

Álvaro Durán.

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